miércoles, 12 de octubre de 2016

Hoy, fecha tan señalada

Hoy, fecha tan señalada, felicito a España y a todas sus pilares. Me felicito, nos felicito también, por muchos de nuestros pilares. No nos olvidemos —que se nos va de la mente con muchas prisas— del sumo respeto y admiración que merecen estos. Léase tortilla de patatas, jamón de recebo o la misma sardina que, con toda su magna personalidad, no se le conoce un solo delirio de grandeza, oiga. 
Costas, parajes y ciudades de quitar el hipo; libertades, licencias, excelencias y paciencias inéditas en otras latitudes. 

Todo esto se nos va de la razón y los sentidos con una facilidad pasmosa. Es escuchar a un Rajoy, a una Cospedal, a una Susanita, o a tantos otros de la misma estirpe y pelaje —lo mismo me dan las siglas que los bautizan; me reitero: mismito pelaje—, y oye, que se te olvida hasta la madre que te parió. Que yo sé que en esos momentos solo te acuerdas de las madres que los parieron a todos ellos, cosa muy normal, muy humana, por otra parte. Y, sin embargo, oye, a mí, que ya me merecen la pena solo por escuchar luego los chistes y por ver las viñetas de Forges. Y en este punto hago mención especial y agradezco su existencia a los artistas nacidos y criados en la redes, reyes de la ironía y el mejor humor español. 

Por cierto, que digo yo, dos cosas:
Una: se me van a mojar hoy la reina consorte y su modelazo, porque aquí en Madrid, en día tan señalado, nos ha amanecido cayendo mucha agua. Bueno, y las melenitas de las dos nuevas meninas no me brillan lo mismo sin sol; una pena. 
Dos: Pilar Bardem; ¿tú un día como hoy celebras tu santo con las amigas en el VIPS, por ejemplo, o emigras a Gibraltar —por decir un sitio allende las fronteras— hasta mañana?. 
Oye, yo qué sé. Quieras que no, el desfile se te desluce un montón con los paraguas; y el tema de la Bardem es una curiosidad que yo tengo; que la mujer tendrá su vida, sus costumbres, que lo mismo aprovecha que es fiesta para estar con los nietos viendo el desfile por la tele, y estoy yo aquí deslenguando sin necesidad. Vaya usted a saber.

Pero bueno, lo que es cierto y verdad es que a mi me gusta una barbaridad ser española; me siento cómoda. No sé como decirte, es una sensación ya de estar en casa con las zapatillas tumbada en el sofá; algo así. Porque me digo yo: a ver, con lo viejecita que es España, que lo es, con lo que nos repetimos a lo largo de la historia, porque nos repetimos una barbaridad, ¿no es más una cuestión como de ir adaptándose a las circunstancias sin exasperarse más de lo inevitable? Digo yo; que no sé, ¿eh?; que yo no quiero ofender a nadie, y esto son cosas muy personales.

Porque, por ejemplo, a mi madre le gusta Sálvame y las telenovelas; un amigo que yo tengo de toda la vida se ve todos los días el canal cubano, y otro se chupa la versión política del Sálvame que ponen en la Sexta, con su Javier Sardá y tós sus avíos. A ver: ¿quiero yo menos a mi madre?, ¿me gusta menos su guiso de papas con choco? Oiga, pues no. ¿Soy capaz de soportar —y con pasión, como lo hace mi amigo Arturo— el canal cubano y su consecuente cineforum? No; rotundamente no. Me declaro absolutamente en rebeldía por incapacidad plenipotenciaria. Pero Arturo y yo no nos peleamos por esas cosas, ni siquiera discutimos ya, a estas edades, sobre lo razonable o no de su comunismo-rojeríocongénito severo. Oye, como si cree en el Cristo de las Cinco Llagas. ¿A mí qué más me da? ¿Que lo veo menos que a otros por una cuestión de comodidad mental? Oiga. pues también, pero ya está. Y el que ve los programas estos tipo Sálvame en versión congreso de los diputados y aledaños, ¿pues no hay gente que se informa de esa supuestamente única realidad en las redes sociales? ¡Haga usted de su capa un sayo!

¿Firmas contra el Sálvame?, Hum…No lo veo, no lo veo. Quiero decir que no veo yo así como muy razonable la recogida de firmas contra una cosa de este tipo, existiendo, como existen, el botón de cambio de canal y el de apagado; existiendo, al mismo tiempo, la tan ajada, por manoseo inapropiado, libertad de expresión. Máxima constitucional que tenemos muy por costumbre usarla para casi todo. Cuando ya no quedan argumentos, es sumamente práctica para muchos.

Es como lo del referéndum independentista de Cataluña.Vale, sí, me entretiene verlos ir y venir del Constitucional al Parlament y de ahí a la Diada propagando la Catalanía desatada; pero ya está. Quiero decir: que salga de esto un «fusílenlos a todos», o convertirlo en una tertulia de café con amigos, o conversación de ascensor, pues tampoco. Ya no. Al principio, mira, no te digo que no, por la novedad y eso, pero a estas alturas de la película... me marea. Nuevamente, prefiero aquí las ocurrencias cómico-artísticas nacidas al amparo de tanto desvaríe dialéctico.

Que hay que echarle una mijita de sentido común a las cosas, me pienso. Y enmarcarlas en su justa medida, oiga, me parece a mí. Callar más y despotricar lo justo. Que ¿dónde si no podrían haber nacido don Alonso Quijano, don Camilo José Cela, don Miguel Delibes o el mismísimo fandango? ¿Que te va más el tema muñeira? Estupendo. Mientras no me los pongas a competir, a mí me vale. Que no es por ná, pero es como poner a competir, qué te diga yo… el gazpacho con la sopa fría de melón, o la perdiz escabechá. Y que ¿pá qué?

A mí, personalmente, la bandera española lo que es estéticamente no me gusta, pero nada más que por la mezcla de colores. No me sirve tampoco para defender causa alguna, salvo la alegría de haber nacido aquí con todas nuestras miserias y nuestros grandes honores. De fútbol no entiendo un pimiento. Ahora: llega ese mundial y yo me pinto de rojo y gualda hasta que te diga yo...Y me divierte que gane España ¡Pues claro que sí! Hasta ahí podríamos llegar. 


Y como defiendo el carro de Manolo Escobar porque no es incompatible con el resto de realidades, no me pidas que me identifique con donde nací al punto de cegarme la sesera. Yo solo ejerzo de española en el extranjero, y a enorme honra. Aquí no me hace falta, que estoy en casa. Ni me llames cosas raras por defender que me gusta ser española, porque, diga usted, lo que diga, es un gustazo; y lo demás, abalorios transitorios y mutables. Esos mismos que nos hacen grandes y libres con el tiempo. Que no le otorgo al caudillo el honor y el privilegio inmerecido de apropiarse ad eternum de expresión tan bonita y malograda.